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10 nov 2015

La difícil tarea del maestro que investiga

La escuela, o mejor en plural las escuelas, están llenas de personas inquietas que no se apoyan en una única teoría y a las que hemos de rendir el mayor de nuestros homenajes, y sin embargo nos estamos olvidando de ellos y ellas.

Albarracín. Noviembre de 2015

Son muchos los años que llevo en esta tarea, son muchos los alumnos/as que pasaron por mis aulas -en todos los niveles educativos-, y estoy segura que si preguntase por lo que recuerdan de mí, sería una inquietud por hacer que todos descubriesen su capacidad de aprender, conociendo a cada uno de ellos como persona, haciéndoles conscientes de sus virtudes y debilidades, animándoles a participar en un entorno social como la escuela de forma activa, ... respetando su yo y sustentando un aprendizaje útil y con perspectiva de futuro.
Sin embargo, esa inquietud a fecha de hoy en la escuela y por qué no en la investigación, parece no premiarse y en algunos casos respetarse si no le ponemos un apellido que suene rimbombante a la teoría, o hablamos de tal o cual pedagogo, o aún mejor tomamos una expresión en otra lengua. Ya no valen las ideas propias, sino la remodelación de otras.
La escuela y la universidad están llenas de personas anónimas, que desde el silencio a la audencia, llenan sus aulas de buenas ideas, de excelentes prácticas, y sobre todo de personas que se "hacen personas" -valga la redundancia de la expresión, que no he querido cambiar por el valor especial que tiene para mí-. La necesidad de hoy en la educación, en la enseñanza, es dejar hablar y construir a esas personas, y no mantenerlas sumergidas en procedimientos burocráticos, en formaciones iguales para todos, en prácticas donde la diversidad no es una riqueza sino un muro... levantemos la voz del "héroe anónimo", del maestro que cree en la educación y del investigador que hace grupo.
Miguel de Guzmán, en uno de sus artículos se refería al matemático en los siguientes términos "comienza su aproximación a cualquier cuestión de su campo con el mismo espíritu explorador con el que un niño comienza a investigar un juguete recién estrenado, abierto a la sorpresa, con profunda curiosidad ante el misterio que poco a poco espera iluminar, con el placentero esfuerzo del descubrimiento"; esta es la actitud que creo que ese maestro/docente investigador debe tener y que la realidad se está encargado de limitar y hacer desaparecer, porque la investigación se hace de "a pocos" y una puerta abre a otras, y un día podemos apoyarnos en lo que las grandes teorías nos dicen, pero sobre todo hemos de apoyarnos en esa realidad, que se llama alumno/discente al que hemos de dar respuestas y para el que realmente tenemos una responsabilidad, y en la enseñanza como en la vida, cada realidad es un caso único que cada uno debe vivir y sentir.