26 feb. 2016

El día que dejé de ser matemática

Hoy 26 del 02 del 2016 quiero dejar de ser matemática, y no es que quiera borrar mi pasado y aún menos mi dedicación actual, sino que quiero dejar de ser lo que la gente cree que soy.

Fuente: FLICKR

Matemática, eso pone el título que me ocupó cinco años de mi vida, que me hizo pasar muchas horas entre cuatro paredes, que me habló de teoremas, de corolarios, de axiomas ... de pequeños epsilon que nunca llegan a donde tenían que ir, de geometrías que no eran a la que vemos y de límites que se dirigían a un infinito que no estaba pero que lo utilizábamos como si estuviese a nuestro lado. Soy matemática, que cuando lo dices en cualquier reunión social, te miran como si te saliesen antenas de encima de la cabeza, o incluso te hacen el comentario de "eso es de listos".
Pues sí, soy eso, pero no como me ven, no soy tan "lista", me costó gran esfuerzo llegar donde llegué, y ese sacrificio me encaminó un día a un aula, llena de muchachos que me miraban con curiosidad y ante los que tuve que rendirme porque no sabía nada. Me había pasado cinco años estudiando cosas, que no sabía cómo contar y que no entendía ni yo. Pongamos un ejemplo, me pasé dos asignaturas estudiando estadística y calculando funciones de potencia, y después al llegar a aquel aula me enteré que todo aquello con un p-valor se solucionaba mejor y sobre todo con contexto; o hice matrices de acá para allá, determinantes, inversas, traspuestas, ... y nunca nadie se preocupó decirme para que me pasaba asignatura tras asignatura demostrando cada una de las cosas que hacía sin dar ningún contexto.
Así que, aquellos muchachos me enseñaron a ser didacta, y eso es lo que quiero ser y que ustedes así me vean didáctica de la matemática. Quiero enseñar a mis estudiantes, para qué sirven las cosas, a entenderlas casi tocándolas, y cuando sean lo suficiente abstractas porque el proceso que tienen por detrás así lo sea, que sepan por qué hemos de aplicar uno u otro teorema que nos facilite el trabajo. No quiero sentir a mi alrededor gente que se frustra porque no sabe lo que hace ni para qué sirve, y quiero expresar mi protesta porque a veces me casi obligan a hacer cosas que están cercanas a ser eso que los demás ven de los matemáticos.
Y aquí va la razón de mis palabras de hoy, al conversar con una compañera, y justificarme que en un curso universitario como software estadístico en una asignatura introductoria no podía utilizar geogebra porque después en el entorno laboral no lo utilizan. Y estamos de acuerdo, que en el entorno laboral no lo utilizan, pero, mi responsabilidad con los estudiantes es que entiendan lo que hacen, que sepan por qué elegir un gráfico u otro, por qué los parámetros tienen uno u otro valor, o cómo volcar unos datos reales a una tabla o a un gráfico para interpretarlo, y este tipo de software me permite esto, tocar, ver, comprobar, comparar, ... mientras que otros me devuelven enormes salidas que si bien más completas no me dan la frescura del inicio, y la curiosidad de conocer por qué hago esto y no esto otro frente a un paquete de datos. Comencemos con un punto de apoyo firme, y después podremos construir enormes fortalezas encima.
Porque los procedimientos de enseñanza sean más duros, o más cuadriculados, los chicos no van a aprender más ni van a estar más preparados para su futuro laboral. Hemos de despertar las ganas de aprender, hemos de dar significados a los aprendizajes, hemos de darles esa chispilla que se te enciende por dentro cuando tienes ganas de salir corriendo a casa para seguir leyendo y haciendo problemas o cálculos.
Por eso, hoy 26 del 02 del 2016, quiero ser una mujer preocupada porque otros aprendan hoy, pero sobre todo tengan ganas para seguir aprendiendo mañana, y pasado, y... el resto de su vida.



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